Macu Moma


Video Art – Life=mc2 – 2006 / 4′ 00″

[es]

TIEMPO ESPÍRITU DE LA VIDA, VIDA ESPÍRITU DEL TIEMPO MANIFESTO DE LA REVOLUCIÓN IMAGINARIA. Macu Moma, 2019

Agradezco enormemente la oportunidad de mostrar esta selección de obras para el Festival Kronos de Barcelona, justamente diez años después de las quince selecciones que presenté para el Festival BAC!, “Tiempo: Entrando en la cuarta dimensión”, insuflando en la ciudad más de 450 piezas audiovisuales. 

Mucho ha cambiado mi concepción del tiempo desde aquel entonces. Con el audiovisual el arte entraba en la dimensión temporal añadiendo el tiempo a su paleta. Poco sabía yo que precisamente la humanidad habría de desarrollar su percepción del tiempo para evolucionar y acceder a la cuarta dimensión de la consciencia. Pero es esta una oportunidad excepcional para continuar labrando esta tesis de vida.

El tiempo es un concepto que me ha fascinado desde los albores de mi entendimiento, tal vez por haber nacido dentro de una larga familia de maestros horólogos del gremio relojero, pero más probablemente por mi incapacidad de concebirlo aún después de su paso implacable. La vida ha sido mi otra obsesión, tal vez por ser hija de una históloga cum laude, pero seguro por el profundo amor a la naturaleza que me enseñó a profesar.

Mi incomprensión del tiempo no es una total incomprensión, sino una incomprensión de su totalidad. No sin esfuerzo y algo de fe, llegué a comprender ese engranaje de ruedecillas que procuran el movimiento que transmite la energía cinética al irónico tren a la fuga del reloj, encargado de distribuir los impulsos con los que nos marcan el tiempo sus insobornables manecillas.

La humanidad ha creado continuamente mitos para construir su particular visión del mundo, representando simbólicamente su relación con los misterios de la vida, y buscando el ansiado significado de su misma existencia. En este sentido, el tiempo ha actuado como un mito para la humanidad, ayudándonos a estructurar la vida en períodos y tratar con el ciclo de la vida. 

El tiempo es una magnitud a priori indispensable en la rutina de la vida. Medimos los microsegundos, segundos, minutos, horas.. Configuramos la duración de nuestros días de luz y de noche, y con la ayuda de la luna y el sol, los meses y los años. Nos cuesta imaginarnos el mundo sin él. El tiempo invade cada instante de nuestras vidas, sometiéndolas a su dictar y aún así, sabemos que ese orden artificialmente creado podría ser completamente diferente.

Es el desafío de cada generación crear los mitos que engloben el nivel de comprensión alcanzado en la conquista de la verdad. Los mitos contemporáneos habrán de incluir las últimas conquistas en la investigación del tejido mismo de la realidad. 

Einstein nos silbó que el tiempo es relativo y que sólo podemos medirlo desde un punto concreto mediante su relación con el movimiento en el espacio. El mismo que dijo que preferiría haber sido relojero, de haber sabido la destrucción y el daño que sus hallazgos fueran a causar. Y es que, por desgracia, también nos demostró que la conquista de la verdad no es siempre apta para humanos.

También gracias a él sabemos que la única constante universal, la velocidad de la luz, lo es por y para el punto de vista del observador. Este punto concreto de observación desde el que medimos el tiempo, es sólo nuestro. Esta forma relativa de medirlo está intrínsecamente basada en la vida en el planeta y sus influencias cósmicas, y, a su vez, la vida biológica está determinada por el paso del tiempo en una relación de interdependencia recíproca.

Así, nuestro concepto del tiempo cobra su significado más vital en su quehacer con la existencia biológica. En el estudio humanista de la existencia el tiempo es una dimensión medible y un misterio inescrutable a partes iguales. El análisis físico y semántico de su complejidad contrasta con su impasible pragmatismo en un dualismo tan pendular como la vida misma.

Pero la humanidad está inmersa en una revolución imaginaria, cuyos progresos empujan nuestra parte de consciencia hacia un drástico cambio en la percepción de la realidad visible e invisible. La imaginación capta la verdad antes que seamos capaces de comprobarla y este eterno avance hacia una comprensión superior de la realidad de la que participamos nos presenta un escenario difícil de concebir, obligándonos a postergar la mundana concepción que hemos hecho del tiempo y de la realidad, para entrar en un ámbito de pensamiento que ha de abarcar sí o sí cumbres más altas.

Las revelaciones científicas han transcendido a las manifestaciones culturales y sociales contemporáneas, fascinados por las ilimitadas posibilidades que nos propone superar nuestra tridimensionalidad para tratar de concebir el universo multidimensional en el que realmente vivimos.

Considerando el arte como vía de conocimiento, esta selección es una prueba de esa imaginación veraz, de ese acercamiento intuitivo a una realidad latente, que aún no hemos diseccionado completamente desde la razón, pero que muchos vislumbramos conscientemente y nos hace cuestionar todo lo que hubimos considerado incuestionable.

Es una aproximación post-humanista, cuando la trayectoria humana ha decepcionado catastróficamente sus propios ideales, y el ser humano se presenta de nuevo empequeñecido, esta vez ante la grandiosidad del cosmos natural y sus códigos indescifrables para nuestra limitada consciencia. Una percepción que se acentúa cuando asimilamos que aún no sabemos nada y nuestros aires de sapiencia caen ridiculizados por su propio peso inespecífico.

Esta selección de obras audiovisuales muestra esta revolución consciente que peca de trans-humanista, apoyándose en el movimiento visionario de aquellos que consideran y trabajan en la posibilidad de evolucionar nuestras propias capacidades cognitivas, más allá del raciocinio.

Como proceso de identificación, el arte transciende el marco, la pantalla, el texto, y lo invade todo. La vida es la obra maestra, y todos creamos una. Unidos creamos la existencia y las hordas de pensamiento oscilante proyectan el movimiento de las partículas sónicas que la conforman. Somos lo que pensamos y creamos lo que creemos. ¿Es la consciencia la que crea la vida, o es la vida quien crea la consciencia?.

Vistas las repercusiones globales del acto de elección que todos realizamos con mayor o menor atino, repetimos la necesidad de tomar consciencia, nos esforzamos por enfocar los mecanismos psico-biológicos de la creatividad hacia futuros plausibles, manifestamos nuestras epifanías y compartimos nuestros hallazgos. Y sin embargo, la revolución imaginaria es lenta, es una batalla lánguida por despertar a la humanidad dormida que aún guía en hordas el movimiento de las ondas masivas de pensamiento de hordas con preceptos obsoletos.

En este declive y disolución de la ortodoxia, la sobrecogedora magnitud del universo provoca incertidumbre repuntando la fricción de la oposición conservadora de la fuerza cinética. Pero adquirir un nuevo orden característico del tiempo es clave para asimilar una innovadora y renovadora percepción de la vida y su significancia en la existencia universal, superando la esfera personal y de-construyendo los biorritmos propios de nuestra realidad.

Es este el tiempo de la revolución perceptiva en la que nuestros sentidos evolucionan y conquistamos planos más amplios de existencia. Es tiempo del no tiempo, en el que nos libramos de la dirección del tiempo linear, accediendo a realidades en la que presente, pasado y futuro suceden simultáneamente. La evolución de la consciencia a su cuarta dimensión atemporal nos exhorta de la matriz artificial en la que aún encajamos nuestras existencias y nos sincroniza más directamente con la verdad absoluta.

La verdad que no atiende ni tiene porqué atender las necesidades de raciocinios limitados, y que solo resuena con las consciencias acompasadas. Esperemos que algún día la humanidad pueda elucubrar todas las aristas que la verdad esconde, o mejor aún, que ni siquiera necesitemos comprenderla a través de la mente pensante, sino que la vivamos conscientemente con plenitud holística. ¿Asimilaremos el todo y vivirá en el olvido?.

No debería sorprendernos que la consciencia no resida en la mente, sino en la frecuencia electromagnética del corazón, en aras de la tinta que sobre él se ha vertido. Aunque la hiper-racionalización contemporánea lo haya puesto en cautiverio, es su latido de consciencia el que nos llevará a esa frecuencia superior de existencia que nos toca penetrar.

La fuerza de la atracción es la moción de la consciencia. La conocemos como gravedad entre masas inorgánicas o amor entre masas biológicas. Toda manifestación orgánica e inorgánica participa de este movimiento que a diferencia de la luz y el sonido, existe fuera de la dimensión temporal. Es esta moción de consciencia absoluta la que ejerce la energía vibracional que interconecta la existencia y el todo, con la gracia del mínimo esfuerzo. ¿Es la belleza el origen del movimiento cinético que acompasa su propia creación en un continuum infinito?

El universo es el origen de todas las cosas y su final, y todo en él tiene consciencia. El imaginario tangible e intangible es la manifestación de la consciencia absoluta y la analogía entre el macrocosmos y el microcosmos, dictada por el código orgánico, o belleza, nos hacen vislumbrar la unidad profunda del todo, revelándonos la interdependencia entre el psique y el cosmos y su extrema relevancia. ¿Es acaso la creación de belleza el propósito último de toda existencia?.

El universo nos envuelve con velos de belleza y nos es fácil empatizar con su melodía. Dejémonos seducir por la armonía, el equilibrio y la simetría que la compleja ingenuidad de la naturaleza nos ofrece en todas las áreas de nuestra existencia. Capturemos con el corazón ese orden etéreo que estructura la coherencia y nos permite vislumbrar las acciones de la consciencia universal. Percibamos el fragmento en el todo, y el todo en el fragmento. 

Disfrutemos juntos de esta muestra de obras basadas en tiempo y en vida, que articulan elementos que se relacionan con la universalidad de estas ideas, e intentan descifrar los códigos visuales de la belleza, esencia de la verdad.

La naturaleza de la belleza es la belleza de la naturaleza.

[en]

TIME SPIRIT OF LIFE, LIFE SPIRIT OF TIMEMANIFESTO OF THE IMAGERY REVOLUTION. Macu Moma, 2019

I greatly appreciate the opportunity to showcase this selection of works for the Kronos Festival of Barcelona, ​​exactly ten years after the fifteen selections I presented for the BAC! Festival, under the title «Time: Entering the fourth dimension», infusing the city with over 450 audiovisual pieces.

My conception of time has changed a lot since then. When audiovisual works came about, art entered in the temporal dimension by adding time to its palette. Back then I didn’t know that it was the perception of that time that humanity would need precisely to evolve in order to access the fourth dimension of consciousness. It’s an exceptional opportunity for me to continue working on my life thesis.

Time is a concept that has fascinated me since the dawn of my understanding, perhaps because I was born into a big family of horologists masters, from the watchmaker’s guild, but more likely because of my inability to conceive it, even after its relentless passing. Life has been my other obsession, perhaps for being the daughter of a histologist researcher, but especially for the deep love of nature that she taught me to profess.

It is not a total of incomprehension of time, but rather a misunderstanding of its totality. Not without effort and some faith, I came to understand that wheel gear that provides the movement and transmits the kinetic energy to the ironic escapement of the clock, in charge of distributing the beats through which those incorruptible hands control our lives.

Humanity has continually created myths in order to build its particular vision of the world, symbolically representing its relationship with the mysteries of life, and seeking the longed-for meaning of its very existence. In this sense, time has acted as a myth for humanity, helping us to structure life in periods and deal with the cycle of life accordingly.

Time seems to be an indispensable magnitude in the routine of life. We measure the microseconds, seconds, minutes, hours… We configure the duration of our days of light and night, and with the help of the moon and the sun, our months and years. We cannot imagine a world without time, it invades every moment of our lives, subduing us, and even so, we know that this artificially created order could be completely different.

It is the challenge of each generation to find the myths that encompass the level of understanding reached in the conquest of truth. Therefore, contemporary myths should include the latest findings in the research of the very fabric of reality.

Einstein whistled us that time is relative and that we can only measure it from a specific point through its relation to movement in space. The same one who said that he would rather have been a watchmaker, only had he known the destruction and damage that his findings would cause. And, unfortunately, also showed us that the conquest of truth is not always suitable for humans.

Thanks also to him we know that the only universal constant, the speed of light, is it by and for the observer’s point of view. This specific point of observation from which we measure time is only ours. This relative way of measuring is intrinsically based on life, on the planet and its cosmic influences, and, in turn, biological life is determined by the passage of time in a relationship of reciprocal interdependence.

Thus, our concept of time acquires its most vital meaning in its task with biological existence. In the humanist study of existence, time is both, a measurable dimension and an inscrutable mystery in equal parts. The physical and semantic analysis of the complexity of time contrasts with its impassive pragmatism, in dualism as swaying as life itself.

But humanity is immersed in an imagery revolution, whose progress pushes our part of consciousness towards a drastic change in the perception of a visible and invisible reality. Imagination captures the truth before we are able to prove it and this eternal advance towards a higher understanding of the reality of which we participate presents us with a difficult scenario to conceive, forcing us to postpone the mundane conception we have made of time and reality, to enter into a field of thought that has to cover higher summits.

Scientific revelations have transcended to the contemporary cultural and social manifestations, fascinated by the unlimited possibilities that overcoming our three-dimensionality and trying to conceive the multidimensional universe in which we really live would propose.

Considering art as a way of knowledge, this selection is a proof of that true imagination, that intuitive approach to a latent reality, that we have not yet dissected completely through reasoning, but that many of us consciously glimpse and make us question everything that we had always considered unquestionable.

It is a post-humanist approach when the human trajectory has catastrophically disappointed its own ideas, and the human being appears again dwarfed, this time before the grandiosity of the natural cosmos and its indecipherable codes, for our limited consciousness. A perception that is accentuated when we assimilate that we still do not know anything and our winds of wisdom fall ridiculed by their own non-specific weight.

This selection of audiovisual works shows also the trans-humanist trend of the current conscious revolution, relying on the visionary movement of those who consider and work on the possibility of evolving our own cognitive capacities, beyond reasoning.

As an identification process, art transcends the frame, the screen, the text, and invades everything. Life is a masterpiece, and we all create one. Together we create existence and the hordes of oscillating thoughts project the movement of the sonic particles that make it up. We are what we think and we create what we believe. Does consciousness create life or does life create consciousness?

Given the global repercussions of the act of choice that we all have and make with better or worse accuracy, we repeat the need to become aware, we strive to focus the psycho-biological mechanisms of creativity towards plausible futures, we manifest our epiphanies and we share our findings. And yet, the imagery revolution is slow, it is a languid battle to awaken the sleeping humanity that still guides the movement of the massive waves of thought of herds with obsolete precepts.

In this decadence and dissolution of orthodoxy, the overwhelming magnitude of the universe provokes uncertainty, rebounding the friction of opponents conserving the kinetic force. But acquiring a new characteristic order of time is key to assimilating an innovative and renewing perception of life and its significance in the universal existence, trespassing the personal sphere and deconstructing the biorhythms of our reality.

This is the time of the perceptual revolution in which our senses evolve and we conquer wider planes of existence. It is a time of no time, in which we get rid of the direction of linear time, accessing realities in which present, past, and future happen simultaneously. The evolution of consciousness to its timeless fourth dimension exhorts us from the artificial matrix in which we still fit our existences and synchronize us more directly with the absolute truth.

The truth that does not attend or have to meet the needs of limited reasoning, and that only resonates with the consciousness in tune. Let’s hope that one-day humanity can elaborate all the edges that the truth hides, or better yet, that we do not even need to understand it through the thinking mind, but we can live it consciously with holistic plenitude. We will assimilate the whole and live in its oblivion.

It should not surprise us that consciousness does not reside in the mind, but in the electromagnetic frequency of the heart, for the sake of the ink that has been poured about it. Although contemporary hyper-rationalization has put it into captivity, it is the heartbeat of consciousness that will take us to that higher frequency of existence that we are to penetrate. 

The force of attraction is the motion of consciousness, the beat of the clock. We know it as gravity between inorganic masses or love between biological masses. Every organic and inorganic manifestation participates in this movement, which, unlike light and sound, exists outside the temporal dimension. It is this notion of absolute consciousness that exercises the vibrational energy that interconnects existence and the whole, with the grace of minimal effort. Is beauty the origin of the kinetic movement that encompasses its own creation in an infinite continuum?

The universe is the origin of all things and their end, and everything in it has consciousness. The tangible and intangible imaginary is the manifestation of absolute consciousness and the analogy between the macrocosm and the microcosm, dictated by the organic code, or beauty, make us glimpse the profound unity of the whole, revealing the interdependence between the psyche and the cosmos and its extreme relevance. Is the creation of beauty the ultimate purpose of all existence?

The universe wraps us with veils of beauty, which makes very easy to empathize with its melody. Let us be seduced by the harmony, balance, and symmetry that the complex ingenuity of nature offers us in all areas of existence. Capture with the heart that ethereal order that structures coherence and allows us to glimpse the actions of universal consciousness. Let’s perceive the fragment in the whole, and the whole in the fragment.

And so let’s enjoy together this exhibition of works based on time and life, which articulate elements related to the universality of these ideas, and try to decipher the visual codes of beauty, as the essence of truth.

The nature of beauty the beauty of nature is.